HONESTA ANATOMIA
Proyecto ejecutado en el Museo Nacional de Historia Nacional de Santiago de Chile entre el año 2006 y 2009
632 orejas de conejo, 35 ombligos humanos, 22 ratas de laboratorio, 11 insectos y otros cuerpos-objetos en cantidades indefinidas forman parte de este gabinete de curiosidades que durante un año se infiltró entre la colección científica de esta institución. Aunque fue montada en una fracción abandonada del museo, en el tercer piso, en lo que eran las antiguas terrazas ahora techadas como una palomera, el conjunto de objetos se transformó en un micro museo parasitario dentro del gran Museo de Historia Natural.
El escenario para Honesta Anatomía estaba cubierto de un polvo que había caído intermitentemente por mas de 20 años y fue esa la sustancia con la que los objetos se adhirieron a las superficies del edificio.
Para transformarme en autora de la colección tuve que modificar mi rol. Fue la única lógica que podía corresponderse con la futura metamorfosis de la materia prima de Honesta Anatomía. Decidí convertirme en aprendiz de los taxidermistas del museo y con ello materializar la curiosidad por el cuerpo y su inercia, por el organismo quirúrgicamente manipulable, pero sobretodo materializar la posibilidad de intervenir el proceso natural iniciado por su muerte orgánica y con ello condensar un tiempo del cual tampoco tenia ni tengo ninguna certeza.
Los fragmentos orgánicos fueron recolectados de la periferia del museo y casi en su totalidad de faenadoras artesanales de Estación Central, exceptuando algunos ejemplares de bioterios en Recoleta y el antiguo matadero Franklin. Con estos fragmentos inicie un extenso proceso de intercambio que abrió camino al entendimiento de la relación entre sujeto y objeto. Desde esa experiencia puedo afirmar que existe una indefinida sustancia que emana por el contacto entre la mano y el fragmento convertido en especímen, en el momento mismo del primer corte. Esa sustancia es el anima que moviliza la estática segunda vida de estos cuerpos en el futuro próximo.
El efecto que provoco la conjunción de los fragmentos reanimados y el museo como su escenario es sólo mesurable si se tiene en cuenta la labor educacional de la institución y el valor moral que otorga la sociedad a los cuerpos inertes y residuales. De estos últimos hay que decir que su mayor poder como material radica en ser tributarios de una visión de mundo y un estado social, son el eco de la relación cultural y orgánica que mantenemos con la idea de la muerte. El cuerpo social que es el objeto de la colección para Honesta Anatomía es también una construcción simbólica y no sólo una realidad en si misma, aun cuando en apariencia se muestra objetiva y naturalista.
La razón que motivó en ese entonces y sigue motivando el trabajo ¨desde dentro¨ de la institución es la posibilidad que se me presenta de diseccionarla, tal cual como lo haría con un animal cuando con el tacto comprendo la naturaleza de sus interiores. Lo mas interesante de este formato de acción ha sido trabajar con el gesto de apropiación del método científico y desde él desarrollar una especie de objetividad ilusoria. Podría considerarse que la ciencia es ficción en este caso. Sobretodo si observamos como la ética científica se desplaza por osmosis, siempre hacia donde la necesidad de descubrimiento la precisa. Constantemente va mas allá de sus propios limites. Esa es la razón fundamental que anima el contacto con el cadáver.
Cabe decir que allá arriba en la palomera del edificio no era posible percibir ningún sonido, y la ausencia de rubricas, categorías y nombres en los objetos completaban el silencio sordo del museo mausoleo.
Paris, 2010



